domingo, 19 de julio de 2020

Cuadernos. Presentación en videos

Soy Jorge Belarmino, historiador y cronista vinculado a los movimientos sociales y miembro de la Brigada Para Leer en Libertad.
Quiero presentarles en cápsulos lo que llamo mis cuadernos, hechos en blogs desde hace trece años. 
Antes de seguir esta breve explicación, les leo una viñeta emblemática, digamos. 
Como muchas, tiene música, que no puedo reproducir aquí. 

Grito, 2014
Noche del mexicano grito y al Barrio, como llamo a mi cuenta depurada en FB durante nueve años para no vérmelas con la parte del país que desprecio, lo pone furibundo la fecha reglamentaria y está casi vacío.
David: en Neza los cohetes son K 47
Dany:¡Vivan los hoteles de Tlalpan! Ahhh no vea…
Yo estoy alelado con la canción que buenas razones trajeron hoy.
Pregunto a la Dany en el hotel de paso en Tlalpan, si su grito no fue mera oportunidad para una de las geniales declaraciones que acostumbra:
¿La conoce, Ña?
Dany: Obvi
Itzel y yo aprovechamos para bromear:
Foto que una agradecida carnalita nos acaba de tomar
Igual que la gran mayoría de nuestra docena de cuadras, no volteamos a mirar el deprimente circo de la plaza mayor, donde el antiguo rito lo cumple un monigote al servicio del criminal proyecto poder reafirmado dos años atrás.
Entonces alguien sube esto:
¿Argelia en los 1950s?, pregunto para los demás, y para mí: ¿En verdad están cagados de miedo? Sí, de sí mismos, de lo que están preparados a hacer a la menor provocación.
Justo diez días después el país da el brutal salto en la nada que puede conducirlo a la nueva utopía.
Entre un dolor y una esperanza que no conocía, en noviembre el azar me lleva por primera vez a Cuba y encuentro la más espléndida experiencia imaginable en promoción de cultura comunitaria.
El alimento a los sueños es tal que rindo a la ¿Me perdonas?, según la llamaré pronto: la mujer de otro país por quien suspiro desde un año atrás. Lo hago al modo de un viejo en procura de una hermosísima joven imposible, se diría, y para un amor platónico que repentinamente anuncia pasar a algo más: el día siete, fin del encuentro en el cual coincidimos. Los organizadores nos premian con la música de uno de los mil geniales grupos cubanos. Intrepetan algo famoso que dice: Te perdono todo, menos el beso que me diste.
Cuando la canción acaba, ella dice la frase que termina bautizándola: 
-¿Me perdonas?
-¿Prometes? -respondo y mirándonos fijo no sabemos qué nos espera.
Entonces alguien se acerca con la noticia, falsa sabremos luego: encontraron los restos calcinados de los 43.
No hay rincón que alivie y la hermosísima me encuentra en uno de ellos.
-Anda, vamos a bailar y juntos la pena…
No escucho el final de la frase y por la mañana del seductor queda sólo el recuerdo.
La revolución y el amor son un mismo, indisoluble acto, rezan muchas justas frases, que por momentos no bastan.
Julio César Mondragón Fontes, el estudiante de Ayotzinapa cuyo cuerpo, desollado en vida, se arrojó en una calle de Iguala tras la desaparición de los 43. El grito hoy es tuyo. Te prometemos no perdonar.
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Esa viñeta decidirá a familiares y abogada de Julio César a encargarme un libro a hacer en seis semana, presentando su caso ante la corte internacional contra la tortura.
Los cuadernos son ocho, de muy diversos temas: personales, históricos, sociales. El personaje que cuenta en una representación de mí mismo, y se dirige a sus nietos reales y adoptivos. 
Con frecuencia me acompaña el abuelo, un líder minero muerto en 1950. Belarmo, como lo llamaban, tiene muy pocas pulgas, tiro por viaje amenza meterme carrujos de dinamita por salva sea la parte y dirige La corte de medianoche, formada por hombres y mujeres reales y mitológicos, que representan luchas populares de muchos tiempos y lugares. Con algunos compartí o comparto todavía la vida. 
Algunos son muy poco edificantes, digamos en broma, como quien llamo la Mal nombrada.
Les leo una viñeta sobre ella:

Mal nombrada
Empezamos ella con un ¡Igualado! y yo un ¡Perfumada!, onda Elsa Cárdenas-Pedro Infante en Cuidado con el amor, que no tuvimos, ni el cuidado ni el amor.
¿Que me la comería si dejara? La noche de leer juntos en un genial antro, le dije que era la primera mujer en mi vida con quien me sentía en desventaja. No se trataba de la edad, pues otras jóvenes me acostumbraron al descaro. De conciencia de inferioridad iba el asunto.
A cambio nos igualó la risa, el respeto por las mutuas vidas y el cariño.
Se fue de viaje y puntual avisó, sabiendo cuánto el equilibrio de mi cabeza necesita su presencia virtual, así nos veamos las caras a ratos.
Está enamorada, creo, pues no hablamos del tema, y yo sigo entre el recuerdo de la Inesperada, los suspensos con la Imprecisable y cualquier fantasía a modo, hasta las que la involucran, sepan perdonarme, ustedes y ella.
De película, entonces, la cámara, el director, el staff, la mamá de ella, que la talonea (jjj), y mis nietos, venidos (párele, Tera, eh, que tienen nueve años, jjj) a apergollarse coristas de Chiquiladas, ni cómo la concentrancia, y luego el ¡Corte!, ya la chiflamos, jjj.
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Al día siguiente, dice uno cuando al escribir lo de aquí arriba llevaba cuatro horas en él, así supiera lo que no sabe el Luís    
Al dizque otro día, pues, chinguiñoso me encuentro con un nuevo desatino de la mentada (jjj), que esta vez musicalizo como ella espero quisiera (deje pasar los primeros compases: no encajan ((uuummm, jjj)) hasta el sax).
Los gallos se oyen ‘cantar’/ quién mierdas dijo que eso es cantar/ oigo a los gallos el aullido místico suave de lxs perrxs/ y me emputa la sobredosis de insomnio y las cuitas de mi alegría blasfema

Corto el poema ahí, apenas comenzar, por no plagiarlo de alguna manera, pues el nombre de la Mal nombrada no es el de su cuenta en la red social. Como sea, después de leer eso no sé si me atreveré a saludarla al rato, mañana, durante el juicio final. Tenía razón: me siento en desventaja con ella, así alardee con mis juegos de palabras:

La Tera, ¿de casualidad tendrá acceso a una grabadora digital, porque no encuentro la mía (pa masturbarme la hallo rapidito, pero en tratándose de trabajo jjj) 
Mucha leidi, sí, mucha, para cualquiera, creo desde la primera vez de verla y pensar A esa no la dobla nadie, menos un hombre.  
La noche en que leímos juntos para otrxs, el antro no se le acabó hasta el amanecer, amansando bureles cuyo trapo no rojo sino negro y arriba de las rodillas atraía las embestidas. Cuando las cervezas en el refrigerador desaparecieron por su largo acto de magia, se echó a dormir sepa dónde, pues mendo -yo, para los nacos, jjj- para entonces con mi pijama de patitos retozaba en la cama. 
Ni idea sobre el momento en que la perderé de vista, quizás el domingo siguiente al miércoles en el cual estamos. Cuanta mujer encuentre por el camino de aquí hasta darlas (aprovéchese si quiere, Mal nombrada, que me puse profundo y los albures no me andan) la descubrirá, porque nunca nada se da en maceta, de unidad en unidad, y alguna milpa la produjo, seguro y en consecuencia vaya a calcular yo cuántas Aguamieles que rajan la garganta circulan por ahí.
Paro aquí con una última aclaración. Los cuadernos son ocho, van dándose orden y unidad poco a poco y pretenden construir un todo. Mientras, aparecen en mis blogs como viñetas sueltas, aunque también puede leerse esa unidad que van formando. 


Utopía, modelo urbano
De plúmbago, sin amenazas, las nubes casi al alcance de la mano corren rápidas en el día que suda sobre el caserío, donde la sal de mar hace cuatro siglos estampa su huella. Por la vía del tren, entre un millar de paisanos  en alharaca, dos costeñas maduras, firmes, desparpajadas, se regodean en los gritos:
-¡Huevo de gallina, no de granja! ¡En Espinal hay hombres, no chingaderas! -refiriéndose al hombre pequeñito, de voz aflautada que acaba de salir de prisión y encabeza la marcha: Demetrio Vallejo.
Es el sábado 12 de mayo de 1972 y cuantos hay allí llevan un mucho acunadas y otro mucho a cuestas dos o tres décadas de trabajos por Utopia, que no está en el santoral ni tiene altares en la Iglesia de Salinas Cruz, cuya torre domina la vista, ni en ninguna más del Istmo de Tehuantepec, del resto del estado de Oaxaca o donde sea en el México de tercos rezos por ella apenas Hernán Cortés terminó su obra. A comienzos de 1959 ese par de mujeres sin duda estaba entre quienes defendían del ejército el local del sindicato ferrocarrilero, cabeza del gran esfuerzo de trabajadores y trabajadoras por deshacerse del monstruoso aparato corporativo construido para ellos.
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Una mañana de otoño de 2009, en Saltillo comparto un cuarto de hotel con Alfredo, un antiguo trabajador de la metalmecánica que lleva medio siglo organizando luchas sindicales. Sin duda sabe cuánto lo respeto desde hace casi cuarenta años y mientras nos vestimos vuelvo a dar gracias por la oportunidad de estar de nuevo con él y su gente.
Le hablo del desbordado optimismo que vino el día anterior en la conmemoración de treinta y cinco años de la ejemplar lucha de CINSA-CIFUNSA en esta ciudad, y de las charlas con Nelly Herrera, con María, su hermana y la hermana de Isaías.
-Almirante -le digo-, esas mujeres parecen cristianas primitivas. Ni su abuela las detendrá jamás en la búsqueda de la utopía.
Él sonríe de esa especial, como misteriosa manera qué tiene y suelta una de sus geniales frases:
-Llegará un día en que los cristianos se coman a los leones.


Madame Ring, Ring
Cada historia tiene muchos lados y tantos ojos para contarla como personajes involucrados. En ésta la segunda versión me importa un pito y es de quien hace años secuestra mis teléfonos hasta inutilizarlos. Una de cada cien llamadas indistintamente es para acusarme de destruir la vida de una mujer o declararme su amor, y en el resto hay un ni pío mil veces más gritón. Unas y otras sin variar conducen al vomito, que las mentiras propias se atascan en el gañote pero pasan, y las demás, claro, no. Menudo castigador, dicen quienes se enteran del asunto, con obvia ironía pues no doy para castigar ni a la gallina del Cuatro todavía meses después de que hicieron caldo al quiquiriqui que le cumplía. Es sólo que la secuestradora nació para la tortura propia y ajena y no bastándole la autosatisfacción, sin nadie más a mano me ocupa.

Ayer puse en los diarios un clasificado solicitando bomba atómica de deshecho o tanque de segunda. De la Europa del Este llovieron ofertas con las que incluso mi magro bolsillo puede. Imaginé la escena con sus efectos colaterales y me decidí por la tradición nacional: el picahielo. A fin de dejar mi huella justiciera y para reproducirlos, conté los orificios del auricular y por la noche toqué en la puerta de la señora.

Tuve problemas para encontrar espacio entre el cilicio, soporté luego el placer de ella con cada entrada del filo y al marcharme supe que finalmente me había ganado: mis tripas eran un nudo enfermo y con un aire de descanso su alma tomaba rumbo al destino mucho tiempo atrás deseado.

Yacía en cama recuperándome de la escena cuando escuché el Ring con el inconfundible tono de la dama. Era para contarme el terrible aburrimiento de su nuevo hogar, mala copia del interno del cual huía.

Les recuerdo: soy J.., historiador fuera de la academia y cronista vinculado a los movimientos sociales y miembro de la BPLL.
Estoy presentándoles mis cuadernos, como llamo a ocho blogs muy diversos temáticamente, y esta es la segunda cápsula.
Leo una viñeta:



El reino de la pasión


Durante la posrevolución nuestra ciudad crea una o varias nuevas noches. No solo sus vidas van allí; también la imaginación sobre ellas.
Durante el porfiriato el teatro de revista es un animado, picaresco entredicho nocturno que se airea. Pero cuanto de lo demás puebla ese mundo que nace al caer el sol, transcurre en el silencio o el vilipendio público. La prostitución callejera, la cantina y la pulcata proliferan por los barriales, muy lejos física o prácticamente de lo que la sociedad presume. No importa si están a espaldas de calles de buena educación, un sólido muro invisible se alza entre ellas.
A partir de 1920, en cambio, los tugurios, los burdeles en regla y las hileras de cuartuchos que sirven a las “perdidas” son esencia misma del Centro y se asientan sin remilgos aquí y allá, acompañando al festejo de la autóctona modernidad siglo XX, de cines, carpas, cabaretes, salones de baile, estaciones de radio, convertidos en escuelas y laboratorios de comportamiento entre los cuales la población no para de reinventarse, haciendo de las calles pasarelas.
La música popular, las tandas, las piezas del renovado teatro ligero, la prensa que alcanza su madurez como primer medio masivo y es no menos multifacético que la futura televisión; la literatura, la plástica, el cine nacional, la historieta y luego la fotonovela románticas y de aventuras, en camino a convertirse en las lecturas más extendidas del país, habitan la nueva noche con seres y sendas materiales y fantásticos.
No hay nada idílico en ello, con sus sífilis de muchas clases y sus profundas desigualdades, ni en la retórica que lo acompaña ocultando al país tras estereotipos y atmósferas “legendarias”. Y si creemos a Carlos Monsivaís, hasta debe sospecharse cierta mano perversa del poder que lo consiente y quizá lo prohija, en una capital cuyo gigantismo le será cada vez más apreciado como gran instrumento para el control de una nación que no hace nación.
Con todo puede encontrarse allí un cierto, genuino libre circular del deseo y del ingenio, que luego será cortado de cuajo.
Es 1938, digamos, un año antes de que un reglamento intente liberar la vía pública de la epidemia de besos. Del lujoso Regis al modesto Tacuba, por una treintena de salas, estrellas extranjeras y cada vez más de casa languidecen de amor en la pantalla, dejando el rastro deslumbrante de sus atrevidas existencias, que el espectador cree conocer al dedillo por periódicos y revistas. En El Principal, el Ideal y los otros templos del género de revista, y en las carpas donde tal vez se opera mejor que en cualquier otro lado la transformación del “pueblo en emblema cultural”, anda el mareo de telones y vestuarios y candilejas, olimpos de las vedetes replicadas más a ras de piso por coristas con pechos generosamente al aire, y una comicidad que explaya la sexualidad a flor de piel.
Una cosa y otra entre la exploración por el espectador de los recursos de un cigarro, por ejemplo, de modo que la boca sea oferente o desdeñosa y rime con la mirada y el vuelo de la mano. O de un saco, una falda, un sombrero, que nunca son a secas y acompañan a mohines y sonrisas, a imaginaciones de caderas y hombros dueños de sí a punta de danzón, fox trot, rumba y cuanto se ponga a la mano.
En San Juan de Letrán, en los 1980s convertido en origen del Eje Central, un hombre se echa a la celebración de los entresijos de luz y sombra de la calzada. Su cabeza se agita con el alcohol apurado no sabe si en el barullo de mesas y parroquianos a su lado o en el de diez metros atrás, y con unas ganas a las que el cancionero de la época vuelven apremio por una de las “flores de la maldad y la inocencia”, frutos que chorrean miel y hiel, sendas hacia el cielo y el infierno, con las cuales se adorna la calzada.
Todo alrededor, de más allá de Salto del Agua a Peralvillo, abunda en quienes para el discurso complaciente de los tiempos son románticas “aventureras”, “vírgenes de medianoche”, “Santas”. Allí y por muchos rumbos de lo que alguna vez fue afueras de la ciudad, sin recato y en cifras oficiales, a las “callejeras” de cerca de 200 lupanares se suman las que deambulan por tres mil o más cabaretes, entre millón y medio de habitantes. Difícil decir cuántas son, si las detectadas con enfermedades venéreas están próximas a las 40 mil.
Para entonces la ciudad lleva dos décadas conquistando la noche. Y con la noche, la pasión. En principio ambas parecerían reservadas a los hombres y a esas que se resuelven a cumplir y sepultar sus sueños, los de ellos, espantando la oscuridad del genero para consumirse un rato, las más unos segundos, apenas, según les advierte la “mariposa equivocada” de una canción: a la luz, por la luz… quemadas, precisamente, las alas.
Pero la noche y la pasión son a la vez territorio de las meseras, las secretarias, las dependientas, las enfermeras y el más o menos profuso mundo femenino del arte, nutrido por quienes llegan de aquí y de allá tras el país de la magia y la promesa de real futuro. Y a su manera, de las amas de casa y las hijas de familia, que comparten su fantasía.
A mitad de la sala, trasegando el trazado secreto de la casa, que nadie más que Ella conoce, por la radio Lara, Gonzalo Curiel, Ernesto Cortazar y un largísimo etcétera aprovechan la lúbrica provocación de los ritmos cubanos y la sustancia negra de las orquestas estadounidenses, para de la cocina a la recámara, entre el burbujeo de las cazuelas y el dale y dale de la escoba, pasear un “sueño de amor” que casi por regla “se esfuma” o “lleva al abismo”, y que en todos los casos “es el pan de la vida”.
No interesa si es a pleno luz del día que en el “abanicar de pavos reales” de su “hastío”, canción tras canción la “locura de vivir y amar” alcanza a la señora. La fuente de la “viajera”, la “perjura” o la “siempreviva” en quien quieren descubrirla el bolero y sus parientes de la época, está en la noche, en la imaginación que nace a su amparo o por su pretexto. A nada, fuera de la propia mujer, cantan tanto, con tanta elocuencia y una misma obsesión: “noche…/te llama el amor”.
Para tal y cual la noche invita a que Ella hunda sus “dedos entre mi pelo”, entregue su “boca fresca” y tenga “piedades de ensueño”, o, unos ratos “golondrina viajera”, otros “maldita”, deje un hueco imborrable en el alma, y para Lara, el más sabio y atrevido, es la de cada vez un amor de.“distinto amanecer, diferente visión”, con cuyas aventuras debe tenerse cuidado porque “hacen daño”, “dan penas”.
Una serenata de Juan S. Garrido parece resumir la imagen recreada por la música popular: “Cuando la noche lo envuelve,/México sueña despierto,/porque de sombras cubierto/vive su vida mejor./Al cintilar los luceros/y los faroles primeros/como por milagrería,/regando alegría florece el amor”.
Es de ella, de la música, en buena parte siquiera, que para este 1938 el cine nacional ha descubierto uno de los temas más provechosos en el espectacular auge que ha iniciado y que luego sabrá es su edad de oro. Con las de carne y hueso o de pura lírica, Santa, La mujer del puerto, Mientras México duerme… han empezado a traer “perdidas” de celuloide no menos sugerentes. Tal vez porque es con ellas con quienes mejor puede acercarse a las intimidades de la pasión y de la noche.
Se trata de una noche en esencia pero no del todo estereotipada, tras la cual parece poder seguirse la huella de las muchas de verdad. Noches, pues, en cierta medida ventiladas en público, que para principios de los 1950, con el nuevo discurso ultraatoritario y moralizador de la familia revolucionaria, pasarán a la absoluta clandestinidad, sordas, grises, doblemente peliagudas.



Siluetas I
La policía agitaba sin contemplaciones la alcancía de la noche, Padre ordenaba cada mañana la muerte del hijo, las flácidas carnes de Mamá lloraban de vergüenza frente al espejo, Ella era miel pura, sonreía como una niña y me clavaba el puñal hasta la empuñadora, al compás de Los rebeldes del rock.


Tengo quince años y entro al último de los cursos preuniversitarios. En el anterior desapareció el yo que pasaba el tiempo tentando las aristas de nuestro mundo escolar, en el frontón, en el recoveco al fondo del campo de futbol, los baños o cualquier espacio poco frecuentado donde me aceptaban los rudos que probaban el carácter.
En su lugar se hace presente un personaje en busca de reflectores. El éxito es rotundo y allana tanto la vida que prometo ajustarme al modelo para siempre. Aun así me toma por sorpresa el montaje de miradas y risitas nerviosas dirigido a mí desde el rincón donde durante las semanas de inicio los de primero, recién llegados al edificio, se confinan en respeto a las jerarquías.
Muchos metros de gentío me separan del juego ese que, sin embargo, hecho con todas las de la ley no tiene dudas de alcanzar su objetivo. Más temprano que tarde voltearé, encontrarme no frente a frente a la jovencita más bella que creo haber visto, sino según se debe: semiescondida entre el aleteo de sus súbditas.
En verdad puedo morir: se me abren las puertas a una princesa de estilo clásico. Llega a la edad de enamorarse a la manera de la gente de bien, pensando que ahí está el único hombre permitido mientras viva, con quien compartir un idílico romance y luego un bien provisto hogar. 
Para mí la vida ha sido muchas cosas y entre otras, dolor, que no merece tratarse al paso. No decido si asomarme a través suyo o alejármele a toda velocidad. Las vacaciones entre cursos antes de sacar partido de las luminarias, ha sido una mañana tras otra de espanto ante el espejo. Algo terriblemente oscuro aparecía en aquel rostro, deformándolo. Por eso me agarro ahora a las miradas de los demás como a una droga, y esa oferta de la princesita promete que todo andará bien de ahí hasta el fin.
Andará bien entre el desastre general. La frase suena gorda pero me parece justa y el título de la historia viene de ahí. Cuando mucho después descubra a un célebre director de cine, entenderé su obsesión por la música popular de estos tiempos, nacida en su país por primera vez para los jóvenes. En la pobrísima modalidad nuestra hay un matiz nada despreciable. Fuera de la docena de tonadas hechas en casa, al traducirlas las melosas letras resultan perfectas tonterías.
Aunque el premio mayor se disputa seriamente, creo que Siluetas lleva la delantera. La voz de uno de los invariables remedos de cantantes dice debatirse entre y la vida y la muerte, al descubrir tras una ventana las sombras de una amartelada pareja en la que un ridículo coro denuncia la traición. El tipo repite la historia para terminar descubriendo, ni más ni menos, que equivocó la dirección del amor de sus amores. No importa sin embargo el despropósito, pues la quejumbrosa melodía y las apasionadas palabras sueltas dan de sobra para que los escuchas pongamos el sobrante, salido de nuestras entrañas que buscan con desesperación caricias y delirios imposibles de cumplir.
Al menos entre las crecientemente gruesas clases medias, sólo las más suicidas jovencitas se atreven a prestar otra cosa que manos, bocas entrecerradas e insinuaciones de pechos o muslos. Suicidas, he dicho, y de nuevo parece un exceso y no lo es.
A mis ojos nadie lo ejemplifica mejor que la hija de la peluquera del barrio. Una mañana veo a quien fue una niñita disfrutar mi sonrojo exhibiendo, antes que un par de espléndidos pechos, una sonrisa de reto e invitación. Meses después el vecindario masculino pulula por la esquina a la cual se abre el salón de belleza, desde donde la madre de ella se asoma con un matamoscas. Al poco creo que la mujer se salió con la suya, sólo para descubrirla a punto del infarto por el fracaso en deshacerse del Rey, cuya presencia basta para alejar a los competidores. La señora da inútiles voces, la pareja se cansa de escucharla y se aleja abrazada por la cintura. Pasará un año para ver a la joven con un bulto en el vientre, todavía envalentonada, y otro para que sus alardeos se vuelvan triste mansedumbre, sentada en el escalón del negocio con la criatura y vagos vestigios de sus encantos de cometa.
Mientras, nuestras baladitas languidecen, suspiros, chorritos de miel de maple, y a miles las nudilleras, las botas, las cadenas, los bates y una que otra pistola se disputan lo mismo una fiesta que una mirada.

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E y S, nietos, si acudo siempre al consejo de los sueños jamás lo hago con el de poetas, digo y miento, un poco, siquiera, pues hoy cito a uno:

"Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu.

"Vivir no es otra cosa que arder en preguntas.
"No concibo la obra al margen de la vida."(1)
¿Valen para mí esas palabras? 
¿TENGO UNA OBRA? LA DE TODAS Y TODOS, LA VERDADERA: VIVIR.

El último viaje
Hago dos últimos viajes por separado: al pasado y al presente que dirime el futuro de nuestra especie. 
Uno va hacia atrás, hurgando en la globalización nacida cuando Europa conquista los océanos, y así hablamos, entonces, del suceso más decisivo hoy.
El segundo viaje es rumbo al presente, conectando con las luchas que se dan aquí y allá en nuestro planeta.  
Me acompaña mi abuelo por muy buenos motivos, como comprobarán más o menos pronto. A él lo conocerán según se debe en otro cuaderno. 
Esta vez no les hablaré más de ellos, para leer una viñeta que pertenece al blog que llamo Para morir iguales.

Las dos guerras
Vine al mundo para atestiguar las dos grandes guerras, les dijo mi representación, aquí llamada yo mismo, y escribí devora la pequeña, inerme humanidad prendida a su pecho, refiriendome a una vecina ¿recuerdan? Subrayo el una pues tengo muchas en esa universidad donde curso varios posgrados simultáneos y dicto conferencias sin palabras, para aquéllas, para quienes por algunas horas dejan a sus hijos conmigo y para éstos.
Mis crías asisten a clases muy distintas, que ofrecen Uno, la azotea y el ritmo de la tierra cuyo pulso se revela gracias a ellos.
Falta mencionar a Ibd Simbad, según lo bauticé: el magebrí subsaharaiano. Nos conocimos en la ciudad cosmopolita por excelencia, cuandos Los movimientos estudiantiles recién terminaron sin contarnos entre sus protagonitas. Gracias a este amigo que me cuenta andanzas de Mauritania a India pasando por Turkestan se hace todavía más correcto el diálogo:
Invariablemente a la primera obligada pregunta de quienes llaman por teléfono, respondo:
-¿Qué hago? Ya sabes: duro on the road de la recámara a la sala.

Puedo seguir así ambas guerras. Del exterior dan puntual cuenta Ibn y mis viejos compañeros continuando cada uno a su manera el destino común. Lo demás, días y almas adentro, se narran a la vista.
El paraíso tiene un costo que se paga con gusto y ese al cual me llevaron los dos niños estuvo completo en 1982, año de años, afirmo pues abarca nuestro orbe entero, como verán después.
Termino esta primera, escueta entrega de los Cuadernos, con quien me prestó el nombre para ellos y abandonó tiempo atrás aquella ciudad donde Simbad y yo lo descubrimos juntos. Se llamaba Aimé Céser y había nacido negro en La Martinica: 
"Partir. 
Así como hay hombres-hiena y hombres-pantera, yo
seré un hombre-judío,
un hombre cafre
un hombre-hindú-de-Calcuta
un-hombre-Harlem-sin-derecho-a-voto
El hombre-hambre, el-hombre -insulto, el hombre-tortura
se le podría
prender en cualquier momento, molerlo a golpes-matarlo por completo
sin tener que rendirle cuentas a nadie. 
(...)
Pero, ¿es que puede uno matar el remordimiento, bello
como la cara de sorpresa de una dama inglesa al encontrar en su sopa un cráneo de hotentote?
Yo reencontraría el secreto de las grandes comunicaciones y de las grandes combustiones. Diría tempestad, diría río. Diría ciclón. Diría hoja. Diría árbol, mejorarían todas las lluvias, me humedecerían todos los rocíos.
Me revolcaría como sangre frenética sobre la lenta corriente del ojo de las palabras,
en caballos locos, en niños tiernos, en toques de queda en vestigios de templo, en piedras preciosas, lo bastante lejos como para descorazonar a los menores.
Quien no me comprenda no comprenderá el rugido del tigre."


Patria prometida
Muerde el frío cuando subo al autobús y al abrir los ojos, a pesar del sol macho entrando por la ventanilla. ¿Cuánto habremos descendido en apenas cuatro horas? ¿Mil, mil quinientos metros o más?
Siento haberme perdido esa fantástica transformación del paisaje -pues no es más por ahora- que sin falta asombra cuando se deja la ciudad monstruo hacia ambas costas. Ahora son pinos y otras coníferas cuyo nombre nunca aprendí, en un rato los copales, guajes, avizaches, cazahuates, tepehuajes, que los campesinos me enseñaron a llamar, y luego llegan las selvas, así, en plural, pues hay de alturas varias, secas hacia este costado.
En momentos parecieran tierras vírgenes y sabemos que eso no existe aquí hace mil años. Es por el despoblado a orillas de la carretera hecha sin respeto alguno hacia los hombres y mujeres reunidos en rancherías, y por esa sabia forma para aprovechar laderas y quebradas que una agricultura ajena no reconoce como tal.
Apenas niño me obsesioné con estos lugares. Desde la azotea Felicitas los señalaba con su mirada perdiéndose lejos y cuando papá nos llevaba de vacaciones mis ojos inútilmente querían escudrillar entre el curso del río que a la carrera seguíamos en paralelo, desiertos cerros tropicales uno tras otro.
-¿Vamos? -preguntan al mediodía.
-Sí -respondo postergando la tarea de contar, por fuerza en deuda, que vivir toma tiempo y acumula. 
Arriba quedó la señalización que me traía historias trágicas. Esa sierra es bien conocida por mis amigas y pudo costar la vida a Digna Ochoa. ¿Iré algún día? Hoy sus amos son Templarios -no hay casualidad en el nombre, ¿verdad, Malditos de las Cruzadas?- y a menos que para cosas suyas me lleven los compañeros, seguirá revoloteando en mi imaginación. Bien visto, no sería raro ir: de donde vengo el "Sur geografía profunda" resulta exotismo puro. Aquí se habita. Pronto yo también lo haré, para darme cuenta que mis amigas y quien reconstruyó los últimos días de Digna exageraban por conveniencia, me parece. Petatlán no es Siberia o el alto Níger y desde mi patria prometida puede alcanzarse en un tris, digamos. 
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Cuando atardece estoy en un parque junto al mercado y así no pueda verse el mar que lo rige todo con sus aires, las huellas dejadas sobre los productos humanos, hasta el color del cielo, pienso, siendo la revés, según recuerdo o afirman o ya no sé. Parezco haber pasado justo por aquí y no logro precisar el momento. Me refiero a antes, antes, y no al viaje en que hace poco preparé este sin conciencia de hacerlo. 
Conservo la mitad del modesto sueldo que recibo hace tiempo, X fundación contribuye con un pequeño apoyo, hay factibles recursos esperando, en tal y cual sitio los compañeros darán asilo y a veces alimento, como hoy, y, total, puedo morir mañana o pasado, jeje. El sin retorno es la condición y no quemé las naves por aquello del no te entumas, conforme decimos ¿dónde en nuestra Red de agujeros llamada país?
Sí, visité la plaza hace mucho. Era adulto, tengo claro, y no cuánto. Vaya coincidencia: el momento quedó grabado porque atardecía también, debía estar en la playa, pues para eso vinimos -¿quiénes?- y supe otra vez -¿cuándo las previas?- que quería vivir en un lugar así. Trópicos explica parcialmente los motivos.
Le informé mi decisión a la Inesperada y babeaba de envidía. Faltó poco para que corriera a alcanzarme jalando a su enanito. Nuestros encuentros virtuales se complicarán, ni modo.
Tarde o temprano el país estallará. ¿Dónde estaré entonces y en qué sitio antes, de haber antes, claro, y durante las elecciones y un poco factible conflicto por ellas, pues me siento Oraculín y al candidato dos veces timado no se la harán ahora? ¿Y cuando el nuevo gobierno, por fuerza desastroso en esto y aquello y correcto en tal y cual, precipite o anime la acción del pueblo?
Quisiera alcanzarle a mi abuelo para arreglar cuentas. ¿Habrá manera? Déjenme la ilusión de que el viaje es no solo una aventura orillada por la Quijositosis.
Mis malos hábitos deben modijerarse porque la dosis de tabaco habitual me volvería insoportable en cualquier espacio cerrado. Hoy, el hogar que generosamente se abre, con cuatro niños durmiendo.
Para subir a esta hermosa, modesta casa en lo alto, quien me acoge prendió las luces interiores del auto. Así pueden reconocerlo los halcones y sicarios locales. La extraña guerra ya no es distante, pues.


El hombre de Arán (1)
Arán es un isla al noroeste de Irlanda al que las furias del Atlántico del Norte
intentan vencer hace miles de años. Un corazón de roca limado hasta no quedar sino los acantilados que resisten alzándose treinta metros o más para evitar apenas la insistencia o el coraje del mar, cuyas lenguas alcanzan las alturas y amenazan llevarse a los desprevenidos. Así, el estruendo de las olas estallando sin pausa, es la Arán fiel a la demostración del poder terrible de los elementos y del tesón y la capacidad de sacrificio de los hombres y las mujeres, que saben que la tierra es madre, amiga a ratos, pero por encima de todo fuerza desatada, sin conciencia de los seres pequeños como ellos.
El hombre de Arán (1)
A media tarde, en el único cuenco en la pared donde un pequeño rompiente modera lo poco que puede el fragor del océano, entre el estruendo ensordecedor una mujer y un niño estiran los brazos como si con ellos avanzarán por encima de las piedras y la espuma los tres mes metros que el sentido común les impide, siguiendo con mirada de pájaro el bamboleo sin mesura de una barca que tantea la lógica de la corriente embrutecida por sus impulsos hacia atrás y hacia adelante. Un poco antes de donde la ola
se decide tres hombres protegen con un instinto animal olvidado por el resto de los europeos, la cosecha de peces recabada en días de trabajo y la madera que la desolada perspectiva de la isla, sin memoria de algo parecido a un árbol, explica es la diferencia entre la vida y la muerte.
Hay en la mujer un gesto que recuerda a los indígenas mexicanos y a esa suerte de naturalidad que los occidentales califican de infantilismo. Incapaz de hurtar las ideas, su rostro, hablando sobre todo por los redondos
ojillos claros, pasa sin tránsito del pavor a la ira, entre la más entrañable conmiseración y la conciencia de la necesidad de mantener la cordura, mientras el hijo se esfuerza en imitarla y, por instantes, vencido por la fuerza del mundo se atribula.
La barca aprovecha como puede un empujón y esquivándola busca saltar la primera línea de la rompiente. Se vuelca expulsando su carga y mientras los hombres la someten, la mujer, ancha, pesada, que no se aviene al ritmo del agua, deshaciéndose del hijo se afana tras la red enrollada en las rocas. La tiene, hace por salir, la pierde, vuelve a ella, trastabilla, cae, persiste, gana unos pasos, tropieza de nuevo, la malla se le va de las manos, no sabe más qué hacer. Los hombres la ayudan, escapan todos, la mujer no deja de mirar hacia atrás calculando la pérdida. A salvo, ellos delgados, nerviosos, juntos se conduelen un momento, alcanzan los cinco metros cuadrados de la playa y sonríen recordando los revolcones de ella, a quien vuelve a iluminársele la cara. 
Es otro día y el niño se alela contemplando la cara de su madre, el tono rojizo de la piel trabajada por el viento y el agua, el par de mechones que escapan a la ristra del cabello, en un canto a la vida contra las nubes que pasan rápidas, bajas, en hilachas. El niño, de nombre Brian O´Donnell, da la vuelta y es inmensamente feliz al moverse por los escalones de piedra lavada, para pescar con su cuerda desde veinte metros de altura. 
Para él la vida es así y también el disfrute de la vista de una ballena sujeta al costado de otra barca, que comparte con las familias todas del promontorio, ahora seguras de que habrá aceite suficiente para sus lámparas y carne y sebo y gruesa piel para muchas cosas más, y que se apuran a meterse al agua en la ceremonia de formar una misma, sola entidad, repartiéndose entre chanzas las labores de llevar a tierra al animal. 
Brian no lo sabe, pero a Arán el aislamiento lo preserva de algunos grandes cambios y en esos comienzos de los años 1830 parece conservar lo que va desapareciendo del resto de Irlanda. Allí el momento singular se retrotrae ante el tiempo largo, de montañas y ríos, de mares y estrellas, igual que lo individual frente a la colectivo, de ese modo más íntimamente reivindicado, sin olvidar nunca su pertenencia a algo superior: Erin y sus desgracias.

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ACLARACIÒN SOBRE LAS IMÀGENES. Liam O´Flaherty. 
Al niño que entrevemos no se llama Bryant. Le puse ese nombre para hacerlo aparecer del otro lado del Atlántico, en una historia relacionada con México.
El cuaderno al que pertenece la viñeta recoge luchas o momentos de la vida del pueblo en muy distintos tiempos y lugares. El intento en que se reconozcan entre sì. 
Paro aquí. Hasta la próxima semana, mismo día y hora.


Triple X
Hizo un guiño y me acerqué con extrema prudencia. Pudiendo ser la más pequeña de mis hijos le propuse el rol de tío con un toque pícaro, asomando a la ventana de su cuarto mientras la familia dormía. Increíble que yo no entendiera el juego si en cada visita a la hora prevista la encontraba desnuda por casualidad.
Hablamos del clima el día que al despedirse dejó un sobre en la mesa con una docena de fotos en las más provocativas poses, y una nota que probaba cuán transparente era mi perversión: ¿Quieres conocer con cuántos, cuándo y cómo estuve?
En la siguiente cita creyendo que dudaba ofreció hacerme su proxeneta. A la manera de la secuencia aquí arriba dije ¡Esta es la chica! y la lancé al estrellato de mis días. Excelente elección, hasta que salió de estampida, a la manera de la otra aquí arriba.
En cuanto a mí comí tanta mierda como el tipo también en la secuencia.
Muy David Lynch todo, no me extrañó luego que en el curriculum anexo al desplegado de periódico solicitando amigos y novios, borrara nuestros  tres años juntos.
Habrá que preguntarle al director si la historia da para un Mulholland Drive II. Mi papel, claro, sería tan oscuro como el de ella.
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El Mr. no respondió a mi propuesta sino cuando un paparazi, creo, le informó de un nuevo episodio.
La joven ida miles de kilómetros lejos, de paseo con su amante por mi ciudad y a fin de ahorrarse el hotel me tocó a la puerta. Bastó una mirada para ofrecerles una recámara, desde donde en pago y luego de comprobar que su pareja dormía a pierna suelta, cada noche pasaba a mi cama. Entonces conocí el paraíso.
Escribo esto desde la fantástica locación que Lynch encontró para recrear la escena.

2


LUEGO:
Pasión y comienzo de La pasión...
Inicio de El último viaje.
El reino de la pasión.
Madame Ring, ring.
El Idiota.
Principio de La ilusión viaja en tranvía.
La Corte de Medianoche en Red de agujeros.        
Red de agujeros: Aguas Blancas. 
Que no eran dos sino tres.
Cronicando (buscar qué).
La Tic y la tierra prometida.
Andar. 
Rascamapache.
Triple X.
Trópicos. 
La Parada. 
¿Se puede decir Adios?
Cosecha especial y Sequía y fiesta.
 

domingo, 5 de julio de 2020

¿Importa Cervantes o Alonso Quijano? Un desesperado intento por todxs

 ¡Blog, compórtate, carajo! Mira nomás que desmadre de tipografía, jeje


"Don Quijote, con todos sus sueños sociales, es el ejemplo vivo de los deseos nobiliarios que obsesionaban a sus contemporáneos, el producto de una sociedad en la que el pastor quería ser labrador, el labrador quería ser escudero (caso Sancho), el escuderoquería ser hidalgo, el hidalgo deseaba ser caballero (caso del Quijote), el caballero quería ser señor, el señor aspiraba ser el grande y el grande remedaba la ceremonia del rey."

Eso dice el académico dos millones que interpreta
la obra imitando a quien escribe "El análisis psiquiátrico de Alonso Quijano, más conocido como Don Quijote de la Mancha..." y presta servicios en un nocosomio donde debería estar internado y para nuestra sorpresa dictamina, aplica electroshoks y, en resumen, luce, pues a eso se reducen sus pretensiones, que le garantizan una holgada existencia entre jóvenes sin empleo, viejos echados a la calle, niños marroquíes muertos al saltar mallas inconcebibles durante siglos cuya tolerancia permitió a los cristianos una vida decente y culta, mientras herederos de Sisebuto y anexas colaboran con cruzadas en que monjes arrancan infantiles ojos para engrosar alforjas aseguradas por el primer sistema financiero moderno. 

Nuestro académico aquél olvida un célebre diálogo de Teresa Panza: "—¿Veis cuanto decís, marido (...)? Pues, con todo eso, temo que este condado de mi hija ha de ser su perdición. Vos haced lo que quisiéredes, ora la hagáis duquesa o princesa, pero séos decir que no será ello con voluntad ni consentimiento mío. Siempre, hermano, fui amiga de la igualdad, y no puedo ver entonos sin fundamentos. «Teresa» me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni arrequives de dones ni donas; «Cascajo» se llamó mi padre; y a mí, por ser vuestra mujer, me llaman «Teresa Panza» (que a buena razón me habían de llamar «Teresa Cascajo», pero allá van reyes do quieren leyes), y con este nombre me contento, sin que me le pongan un don encima que pese tanto, que no le pueda llevar, y no quiero dar que decir a los que me vieren andar vestida a lo condesil o a lo de gobernadora, que luego dirán: «¡Mirad qué entonada va la pazpuerca! Ayer no se hartaba de estirar de un copo de estopa, y iba a misa cubierta la cabeza con la falda de la saya, en lugar de manto, y ya hoy va con verdugado, con broches y con entono, como si no la conociésemos». Si Dios me guarda mis siete, o mis


cinco sentidos, o los que tengo, no pienso dar ocasión de verme en tal aprieto. Vos, hermano,
idos a ser gobierno o ínsulo, y entonaos a vuestro gusto, que mi hija ni yo por el siglo de mi madre que no nos hemos de mudar un paso de nuestra aldea: la mujer honrada, la pierna quebrada, y en casa; y la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta. Idos con vuestro don Quijote a vuestras aventuras y dejadnos a nosotras con nuestras malas venturas, que Dios nos las mejorará como seamos buenas; y yo no sé, por cierto, quién le puso a él don que no tuvieron sus padres ni sus agüelos". 
¿Dostoievski se equivocó al encontrar en don Alonso al único personaje literario químicamente puro en bondad, sino fuera por el ridículo con que Cervantes lo viste para redondear su maravilloso propósito? ¿Entonces el Idiota vale como príncipe y no gracias a la encarnación de esa joya única y Monelle en Marcel Schowb es una putita repitiéndose generación tras generación para justo beneplácito masculino, siempre y cuando, claro, el hombre tenga prosapia, en tanto emperador o protagonista de gran novela? 
Quien respeto esforzándome en entender cuán fiel ha sido a AMLO, pareció convencerme anoche, cuando mostró qué tan acuciosamente cumple el rol. Vestía la sencilla camisa de siempre y asombraba su más o menos buena condición atendiendo a trescientas instituciones públicas. Gana espacios para los que bien conoce y son eternos desheradados, como parece creer no hay otro manera: cohabitando con mineras, consorcios televisivos y cuantos medren poco o no tanto en la democracia representativa que, ni modo, hemos de tragar hoy y quizá mañana y después. 
Los quijotescos sueños y el Príncipe Idiota quedan, pues, en libros. 
-¿Escuchas esos gritos por la tierra entera demandando poner fin a cuanto se relacione con nuestro inmundo proceso civilizatorio? -quería preguntarle. 
Tal vez habría respodido con citas de Maquiavelo.
Yo sigo con mis pobres cuadernos y el un, dos, tres por mí y todos mis compañeros, millones que, demudados, andrajosos, piden reconocimiento por vivir, ni más ni menos. Imposible hacer otra cosa si la abuela del abuelo también se llamaba Teresa.          
 

¿Qué hacerte "Pasión según FB"?, Seis meses y El Idiota y el Mero

Completa Un plan para...

Ahora tengo plazo para terminar, seis meses, haiga sido como haiga sido y no importa si el abuelo desespera por verme teclear mientras nuestro velerito apenas puede con la Ecuatorial del Sur -¿rescribirías Tifón, Conrad, si presenciaras esta aventura, jeje?
¿Dónde cabes, Pasión según FB? Me avergüenzas y no te borraré pues tomaste muchas horas, aunque fueron recompensadas de otra forma. ¿Daré al Viejo su justa doble personalidad? Está en el Idiota y el Mero y no le saco partido.
De momento desaparezco cuanto incomoda, casi nada, realmente. Sobrás entonces, canción, que no necesitas subtítulos y así vienes en la mejor toma.
Tampoco irán los apuntes sobre nuestra 4T. Dejémosla hacer su trabajo mientras soñamos en mayores cosas. 
Como viene pegada, una segunda rola que sigue probando mi ignornacia sobre el Mr. y socios.
Cuando el Zimm requintea mueve muy raro las piernas, jeje.

Las viñetas que evitan peros, sin embargos, no obstantes, repeticiones de artículos, preposiciones, terminaciones verbales, auxiliares, etc. y cualquier pretexto cacofónico con regustos a rima, pertenecen a los seis o siete últimos años -entonces esto fue escrito en 2012 o por ahí, jeje.   
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Oh, el Don tiene nuevo disco.
La letra traducida: https://lyricskpop.net/lyrics/bob-dylan-false-prophet-traduccion-espanol-letra/.
Otro día que no termina Otro barco que zarpa Otro día de ira, amargura y duda Sé cómo esto sucedió Lo vi comenzar Abrí mi corazón hacia el mundo y el mundo entró...

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Otro día que no termina Otro barco que zarpa Otro día de ira, amargura y duda Sé cómo esto sucedió Lo vi comenzar Abrí mi corazón hacia el mundo y el mundo entró Hola Mary Lou Hola Miss Pearl Mis guías de pies flotantes del inframundo No hay estrellas en el cielo que brillen más que tú Ustedes chicas quieren tanto lograrlo y yo también Bueno, soy el enemigo de la traición Enemigo de la contienda Enemigo de la vida sin sentido no vivida No soy ningún falso profeta Solo sé lo que sé Voy hacia donde sólo los solitarios pueden ir Soy el primero entre los que son iguales El segundo entre nadie El último de los mejores Puedes enterrar al resto Entiérralos desnudos con su plata y su oro Ponlos a seis pies bajo tierra y reza por sus almas ¿Qué estás mirando? No hay nada que ver Sólo una brisa fresca que me rodea Vayamos a dar un paseo por el jardín Tan lejos y tan ancho Podemos sentarnos a la sombra al lado de la fuente Busco por todo el mundo El santo grial Canto canciones de amor Canto canciones de traición No me importa que bebo No me importa que como Subí las montañas de las espadas con los pies descalzos No me conoces cariño Nunca lo supondrías No soy nada de lo que mi apariencia fantasmal podría sugerir No soy ningún falso profeta Sólo dije lo que dije Sólo estoy aquí para vengarme de la cabeza de alguien Extiende tu mano No hay nada que sostener Abre tu boca La llenaré de oro Oh tú pobre diablo, mira hacia arriba si es lo que quieres La ciudad de Dios está allá en la colina Hola extraño Hola y adiós Tú gobernabas la tierra Pero yo también lo hago Perdiste tu mula Tienes un cerebro envenenado Te haré contraer nupcias con una bola y una cadena Tú conoces cariño El tipo de vida que vivo Cuando tu sonrisa se encuentra con mi sonrisa, algo tiene que pasar No soy ningún falso profeta No, no soy la novia de nadie No recuerdo cuando nací Y he olvidado cuando morí Traducido por Kieran@Lyricskpop Escucha "False Prophet" en Spotify ...

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¿Y esta?
 

  

miércoles, 17 de junio de 2020

De "El corazón de las tinieblas" al "Mapa de migraciones" ¿mejor máscaras y canciones?

Tradición oral-auditiva, se llama a la transmitida musicalmente. ¿Cuántos discursos hay en estas interpretaciones? ¿También historias detalladas, con sus ricas atmóferas?
Busco personajes que nos cuenten, femeninos si es posible. Solo eso, en El África negra, universo cuyo monumentalidad comprendo a medias, siquiera, pues habito otro igualmente gigantesco cuyos secretos se revelan poco a poco hace siglos. 
Años atrás escribí: La Guadalupe inaugura una serie de expresiones de la Virgen que sustentan la decisión de las comunidades a exigir un lugar en el mundo. Entre 1709 y 1712, por ejemplo, se prodigan en los Altos de Chiapas. La que en Zinacantán despide rayos luminosos dentro de un palo, la Santa Marta aparecida en una milpa en Chenlho, la que se muestra a María de la Candelaria en Cancuc, ordenan construir santuarios y obran milagros -tallas que sudan, lloran o se iluminan-, “para ayudar a los indios” protegiéndolos con la confabulación de fuerzas sobrenaturales -terremotos, cielos y ríos que se precipitan-, a fin de sacudirse los tributos, al Rey, al clero, a los españoles todos y a Dios mismo si es preciso, y crear una nueva Iglesia y un nuevo reino.
Desatendida la Virgen, desatando la violencia de obispos y magistrados, el supra y el inframundo del cual para los pueblos originarios es ama, se agitan y con los años hacen erupción en Yucatán, en las estribaciones del Popocatepetl, en los pueblos de Tulancingo, donde ella hincha el alma de los escogidos -un anciano, un joven labrador, un pastor- dotándolos de habilidades para destruir murallas o balas de cañón y ungiéndolos como reyes o profetas, de modo de que encabecen movimientos para revertir el cataclismo y que el pasado vuelva.  
Repetía sin entender bien a bien. También ahora el Chilam Balam: "Allí se tendió la estera  del  Katún. Pixoy. Uayum-háa. Sacbacam. Tinum. Allí se dieron nuevas los unos a los otros. Timacal. Popóla. Allí ordenaron la estera del Katún (...) Allí hicieron oculto su lenguaje (...) Tixmex. Kochilá. Tix-xocen. Chumpak..."
Los occidentales podían permitirse cualquier licencia, Conrad, y usted escribía Golfo de México y la acción se desarrollaba en Colombia. 
Construyó un personaje mayor, no presuma por otra cosa. Bueno, dos, pues Kurtz es también  literariamente monumental. ¿La negritud entrevista durante su viaje al Congo le importaba, señor? Quién sabe y nos tiene sin cuidado. 

"Los 10 libros africanos más destacados"

Guinea Ecuatorial
Busco en Donato Ndongo y hallo un niño sin nombre "crecido a caballo entre las creencias y tradiciones de su tribu Fang y los ritos y oraciones del mundo occidental". 
"El negro" no existe. En ese subcontinente debe hablarse en plural al referirse al ser humano.
Uno entre "los padres del africacentrismo" mapeó las migraciones internas allí, para establecer cuán diverso y complejo es su sustento étnico.
Llegó el año 1900 y los grandes artistas plásticos occidentales, que revolucionaban las formas a grados inimaginables hasta entonces para quienes les precedieron, compendiando cuanto conocían de sus iguales en la negritud histórica, dijeron Guardemos nuestros intrumentos; ellos lo contaron todo, desde vaya a saberse cuándo.
   






SIGUE
   

  



     

lunes, 8 de junio de 2020

Nostromo, Altamirano y los popolucas; Gorki, "Josué, el guerrero judió", La Sagrada Familia y otro pueblo originario

-¿El viaje que durante ocho años hiciste tiempo atrás se parece al nuestro?
-No, abuelo. Entonces buscaba algo preciso, aunque en la canasta venía de todo y hasta una mosca volando era motivo para distraerse. 
-¿Y ahora?
-Vamos tras el puro calor humano o lo que llaga por su remedo y debe maldecirse. 
-¿No aprendemos nada?
-Algo, por fuerza. ¿Quieres sacar deducciones?
-Líbreme Dios. 
-¿Cómo dices eso si eres ateo?
-¿Donde manda el Señor?
-Tienes razón. Incluso tú eres católico.
"Hasta ahora la crítica crítica tenía, más o menos, aires de no ocuparse más que del estudio crítico de sujetos revelantes de la masa. Pero héla aquí que se ocupa del objeto crítico absoluto, de ella misma. Hasta ahora su gloria relativa le venía de que rebajaba, rechazaba y transformaba ciertos objetos y ciertas personas revelantes de la masa. Y héla aquí que se ilustra rebajando, rechazando y transformando la masa en general. La crítica relativa tropezaba con barreras relativas. La crítica absoluta choca con la barrera absoluta..."
-¿A qué viene el discurso?
-Lo escribieron Marx y Engels, ¿no recuerdas?
-Para nada.
-Yo tampoco. Si bien algo parezco entender y no en sí sino tras sí.
-Déjame de retruécanos.
-Simulemos ser cultos: se empieza por la filosofía para bajar luego al barrio y liarte a hostias. 
Bauer "declara que la crítica es el espíritu absoluto y que él mismo es la crítica... De un lado está la masa, el elemento material de la historia, pasivo, sin espíritu creador, históricamente estéril; del otro lado, está el espíritu, la crítica, el señor Bruno y Cía., el elemento activo del cual parte toda acción histórica. La obra de la transformación de la sociedad se reduce a la actividad cerebral de la crítica crítica".
-¿Y La sagrada familia, pues así se llama ese coso, no?
-Son ellos, Bauer y sus amigos.
-Vaya decepción. Creí que...
-Para el efecto debe leerse la otra cosa. Afirma allí don Federico: "1) primitivamente los seres humanosvivieron en promiscuidad sexual, a la que Bachofen da, impropiamente, el nombre deheterismo; 2) tales relaciones excluyen toda posibilidad de establecer con certeza lapaternidad, por lo que la filiación sólo podía contarse por línea femenina, según el derechomaterno; esto se dio entre todos los pueblos antiguos; 3) a consecuencia de este hecho, lasmujeres, como madres, como únicos progenitores conocidos de la joven generación,gozaban de un gran aprecio y respeto, que llegaba, según Bachofen, hasta el dominiofemenino absoluto (ginecocracia); 4) el paso a la monogamia, en la que la mujer pertenecea un solohombre..." 
-Menudos soberbios los especialistas decimonónicos europeos. Engels tenía por figura divina a Morgan, quien estudió a los iroqueses, hazme favor. Para entonces el continente oriental
de las naciones indias norteamericanas estaba deshecho, sé bien. ¿Cómo buscar los orígenes si quedaba apenas nada?
-Marcho, que te has puesto en estilo sabelotodo, nieto, y otra vez gritan en Nueva York.
Vase mi mentor y yo busco a Edgar Snow. ¡Tenía veinte años cuando llegó a China!, "la casa de hierro, sin ventanas, absolutamente indestructible, con muchas personas dormidas en su interior y que no tardarán mucho en perecer por asfixia", en palabras de Lu Xun. 
Un humanista con toda la barba, el estadounidense, dicen y así parece. Sin morganadas, visito los pueblos del sudeste asíatico, donde podía hallarse algo semejante a lo Engels resume. Estaba fascinado, y nosotros con él, mucho después. Occidente no dejaría ni recuerdos de esas culturas, ya en pleno siglo XX.
Tengo por encomienda saltar y vuelvo a Nostromo. Conrad conoció al personaje originario viajando por el Golfo de México, ni más ni menos. Había una asonada típica en la región, asegura. ¿Cuál sería Joseph, pues aquí tenemos registro pormenorizado de todas? Escribí algo, tiempo atrás, sobre esas costas en un punto preciso: 
De buscar hacia el sur por encima o en medio de las costas mulatas, verían caseríos dispersos, una buena cantidad de ellos popolucas o tenidos por tal, y otros de orígenes étnicos diversos que volvieron suyo el nahuatl, la lengua del imperio mexica cuyo avance propició la Colonia. En buena cantidad de casos los modernos exploradores no podrían hacerse entender en absoluto, por mucho que dominen el castellano, y en los demás, como Tatahuicapa, conversarían con la pequeña porción de hombres que conocen de aquél sólo lo indispensable para el trato comercial con el exterior y la defensa de los títulos en los cuales las autoridades novohispanas reconocieron su derecho a tierras, aguas y bosques.
Había muchos ingleses en torno a Conrad entonces. Habría que buscar más al sur, pues, hacia Belice y el hoy Quintana Roo.
SIGUE             

domingo, 7 de junio de 2020

Cuadernos. Presentación

jf
Como personaje de mí mismo, a los sesenta años comencé unos cuadernos, como llamo a estos blogs. Tocaban muchos temas, personales, históricos, relacionados con la lucha social donde quiera que fuera. Se dirigían a nietos reales y adoptivos y cuando el hambre tocó a mi imprevisora puerta, pues nunca hice por guardar un centavo, fue lo único que encontré para vender. 
Buscaba cómo, llegó la crisis civilizatoria y tuve un motivo extra. 
-Cambiemos al mundo -dije al abuelo muerto en 1950. 
Siendo quien fue respondió inmediatamente: 
-¡A las armas, compañeros!
-Espera un poco -lo aquieté. -Planeémoslo con Maoro, nuestro líder. 
-¿Quién es ese?
-Te lo presento. 
-¿Pero qué edad tiene?
-Las apariencia engañan, no olvides. 
Tras el diálogo me encerré largos días para ordenar un trabajo enormemente disperso. He aquí sus productos, en breves avances.
De qué manera presentarlos, es el quid. 
Mi trabajo tiene una viñeta emblemática. Se las resumo: 
El último viaje
Hago dos últimos viajes por separado: al pasado y al presente que dirime el futuro de nuestra especie. 
Este va hacia atrás, hurgando en la globalización nacida cuando Europa conquista los océanos. Hablamos, entonces, del suceso más trascendente hoy. 
Me acompaña mi abuelo por muy buenos motivos, como comprobarán más o menos pronto. A él lo conocerán según se debe en otro cuaderno. 

I
Durante siglos lo llamaron “descubrimiento de América”. Vaya tramposa frase
El nombre fue creación de quien compendió los primeros mapas sobre nuestras tierras: Martin Waldseemüller, nacido en
Wolfenweiler, Brisgovia, Alemania. Lo hizo
homenajeando al explorador genovés de apellido Vespucio, cuyos padres le pusieron Américo, apelativo con que latinizaron uno de origen germano: Emerico. Sucedía la cosa en 1507, casi recién muerto Colón.
No hay nada extraño, como veremos, así que no nos sorprenda que muy pronto entre los propios alemanes e italianos se nombrara por primera vez y para siempre al "Nuevo Continente" conquistado por castellanos. Castellanos, sí, pues a ellos el papado dio monopolio de los mares a Occidente, mientras hacía otro tanto con Sur y Oriente, reservado a Portugal. La Corona de Aragón quedaba fuera y cuando llegó Carlos I de España y V de Alemania…
Esperen, vamos por partes, no se trata de confundirlos, lectoras y lectores.

La ilusión viaja en tranvía
Este es él último de los cuadernos para los nietos. 
El título lo toma de una película mal apreciada, creo. Hay allí dos trabajadores que entre la borrachera representan los agravios personales y colectivos en un tranvía destinado a morir y deciden liberarlo. Circulando de madrugada se preguntan dónde está la tierra prometida para quien vive sobre rieles. Aquí y ahora dice un maltrecho, pícaro pueblo que sube sin pagar y celebra, mientras la mañana de inexorables mandatos avanza y ahora viste como malvada maestra o mojigatas con pretensiones y luego es un inspector jubilado que aborrece el desorden y ama los apapachos patronales(1)
Antes de seguir, permítanme presentarme:
-¿A cuánto? -preguntó señalando el montoncito sobre mi manta en el suelo.
-Millón -contesté.
-¡Perdón! No, no quiero comprarle la producción de aquí hasta que se muera.
Si ni a una docena llega.
No tuvo respuesta, sólo mi rostro de hambre mirando hacía él, que se conmovió.
-¿Cuánto por todo?
-¿Por todo? No puedo, patrón.
-No me salga como la india con su kilo de limones.
-Sí le salgo, señor, perdón. ¿No ve qué es lo único que tengo? Si se lleva todo ¿qué hago mañana? Viene el inspector y me corre.
-¿Y luego?
-Que no sé hacer otra cosa, marchante.
-¿Qué?, ¿estar aquí de ofrecido? ¿Pues de qué come, pobre hombre?
-De la voz que regatea. Soy el puro regateo, ¿ve? ¡Pásele, joven!
D

Para morir iguales
No sé cómo organizar las viñetas con ése título, nietos. Al principio pensé que debería empezar así:
No importa por donde vayamos nos acompaña la fotografía de un muchacho. Tiene dieciocho años, la piel mulata parece de aceite, los cabellos se le ensortijan y los brillantes ojos negros sonríen.
Al poco de recordar esta estampa que presidía el hogar de Mario el Jarocho, fui citado por la Corte de Medianoche (1).
Igualitito que en la obra cumbre del último gran poeta en lengua irlandesa, duermo plácidamente y el reclamo de una metálica voz me despierta:
-"¡Eh, tu, vago, ¿qué haces ahí cuando la más digna corte jamás reunida espera para juzgarte."
Claro, no estoy en el lomo de un río, a la manera del campesino en el poema, sino sobre la cama, y no es una monstruosa mujer de mirada sangriente quien amonesta, sino El Grillo, metro sesenta de altura, pecho echado pa lante y ojos de capulín.
-¡Comadre! -le digo harto contento de verlo luego de casi cuarenta años.
-No te hagas baboso y jálale.
-¿Y ora?
-Que nos juntamos pa darte con todo.
-¿A mí? -alcanzó a preguntar antes de que como en un sueño aparezcamos en un castillo cuyas troneras echan humo de fábrica.
Frente a nosotros el abuelo, Filiberto, uno de las muchachas que no murió en 1524, Bryan O´ Donnel, Artemio, la niña que perdió una pierna en un bombardeo, Felícitas, Malena, el propio Jarocho, en gigantescas representaciones se sentaban a una mesa en lo alto. 
En la multitud alrededor había muchos rostros conocidos y el resto tenía un impreciso aire familiar.
Acostumbrado a los escenarios con miles de protagonistas, el abuelo no necesitó forzar la voz para que se escuchara a través del eco profundo en el fantástico lugar. 
-Mira -dijo extendiendo la mano en un movimiento circular. -Te nos dimos, tan diversos en tiempo y espacio y tan íntimos como deseabas. Y has traicionado nuestra confianza. 
Prometo cumplir la tarea y recuerdo a Domingo embobándose con los recuerdos de una bronca toma de predios, para que de pronto, sin venir a cuento, pensaría uno, los ojos se le fueran quién sabe a dónde y dijera: 
-Todo fue por mi papá, que vendía pájaros en el mercado y no tenía un centavo y andaba cante y cante.
 
La pasión según FB
Era con quien al fin cumplir el sueño y no sólo por su asombroso instinto sexual. El tiempo se emborrachaba en ella, trastabillando hacia adelante y atrás o sin moverse un milímetro, entonces infinito.
Como una cámara enfocaba, crecía y disminuía a capricho los trazos de la realidad, y vórtice absorbía el alrededor o lo contagiaba. No era raro que produjera temor o un irresistible apetito, y así oferta de eterno viaje en la pasión corrí tras ella apenas se me insinuó.
Los cercanos no entendieron mi maniática nostalgia luego de dejarla marchar y por pudor oculté los desbordes de la imaginación, consciente de cuán lejos habría ido de tenerla todavía.
Era ya por entero imposible cuando encontré el camino que pudo conducirnos a la plenitud durante el breve momento antes de que nos llevara el diablo. A seis mil kilómetros le envié el correo cuya respuesta me hizo temblar de calor y de frío:
"Sí, jugabas a poseernos hasta las últimas consecuencias hurgando en las sombras de la intimidad, las mías hechas de cumplidos rincones de deseo y las tuyas de fantasías. Y sí, ¿por qué la ira cuando a tu lado escapaba imaginariamente hacia otro, confesándolo? No te equivocas, de haber acompañado mi vuelo..."
Escribía sin emoción y me sentí como el único episodio que borró del pasado. No importa, si fui quien abrió las puertas para la verdadera apuesta, a la manera de éste y el resto de los días, a solas y no pues con el olor le robé el secreto, aquí anda, con sus fugas entre nuestros cuerpo a cuerpo, más mía.
-0-
Eso escribí en un blog. Para entonces todo era viento, como llamo al internet, incluida la joven que me producía escalofríos. Cierto, estuvo muchas veces entre mis brazos, y verdad también el origen virtual de nuestra relación.
Sólo así fue posible la intimidad que me desquiciaba...
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Jugando.
 
 
    

lunes, 1 de junio de 2020

Sigo atinando, Revolución Mundial, ¿verdad Tú de promisorio futuro?, cuando nuestro hijo pequeño, Eterna... ¿Cuánto, Tic?

Espera, Tú, que por fuerza debe ir:
Y:
"Decadencia humana", concluye quien presenta el trailer. Pa matarlo.
Otra vez no me creyeron y ahí está. Su pueblo liquidará al imperio: "Represión policial en EEUU deja un muerto y 700 detenidos" (https://www.diariolajuventud.com/single-post/2020/05/30/Represi%C3%B3n-policial-en-EEUU-deja-un-muerto-y-700-detenidos).

-¿Cómo explicarles? ¿Quiero? -piensa Eterna cuando preguntan por nuestro hijo pequeño, ahora de quince años. Será músico, sabemos. Puede considerarse así ya, si bien cuesta trabajo dejarles claro cómo a esos en la fiesta que por rara ocasión vinimos.
-No lo hagas -pienso. -Mis crías son sagradas, inmejorables.
-Vuelve, Cuac. Fantasear está bien hasta cierto punto, creo -dice la Tic subrayando su última palabra pues nadie le dio derecho, ni sí misma, para opinar respecto a los otros, así sea yo, el único adulto al que en verdad conoce. 
Lo hace al amanecer, como solía, olvidando cuánto cambié de hábitos durante nuestra larga cuarentena y así mis madrugadas con Tú, cuyas recomendaciones musicales dejo para más tarde.
-¿Cuánto debo esforzarme en regresar, para no sumarme a las bajas tontamente, que una cosa son Mineapolis, Minesota, Nueva York o Los Ángeles, y otra muy distinta este dulce cobijo adonde ella llegó entonces, entonces, año sin numerar todavía?
-Preguntas lo que sabes no tengo manera de  responder.      
Ella y N están bien, tal sino pasara nada, cada vez más aldeanos, seculares expertos en pandemias. 
Pa, haremos nuevo súper. ¿Qué te llevamos?, dice el Nuevo mensajeándome. Una compu decente, contesto bromeando tras semanas de batirme contra las apariencias cibernéticas.
Sara escribió también, desde el Sur a cuyo oxígeno renuncié con los ciento tres y dos mercados ecatepenses y demás, porque la 4T amliana aprovecha todo, hasta lo concebido para dejarlo donde permanece, en tiempo de dictadura perfecta atemperados por el nacionalismo revolucionario, según observa quien quiera.
-Fueron compañeros de viaje -comento a O, quien aún no nacía o era un chamaquito cuando yo comprendía que ellos buscaban algo distinto a mi abuelo y su herencia y los acompañaba a ratos por no encontrar algo mejor. 
-Sí -dice convencido.
-Tú, va el link que pasaste. 
¿Realmente estás segura de jugar a los besitos?
T: Ya le di su descanso... Je je je
Buen día.
B: Jjjjjjjjjjjjjjjjjjjj
pongámonos a la obra
T: Pongámonos cómo? No conocía esa posición... Je je
B: Uy, no sabe nada de la vida jjjjjjjj
T: Apiadese de esta pobre alma y enseñeme, cuando lo disponga.
B: Deje me quito las chinguiñas. ¿No iba antes a hacerme súper jjjjjjjjjj
T: Ya voooy... Pero ¿que no sabía? Primero el ser, y luego el no ser. Si voy al super con hambre, no saldrá un mandando decente.
B: ¿Me pongo neglige o al natural?
Jugamos, ¿dígales, pareja? 
¿Cómo estarán las calles que ayer eran un prometedor grito?