sábado, 4 de junio de 2022

"Una latinoamericana forma de morir"


"El verdadero Asclepio, al parecer, fue un jefe tribal y guerrero de Tesalia que monopolizó la salud al mando de una dinastía de sanadores. Eclipsa al resto de los curadores milagrosos. En el mito es producto de la ira y los celos de Apolo, dios taimado, enamoradizo y señor de la curación, la peste, la música y la poesía. Con sus flechas sembraba epidemias y en sus oráculos sanaba a las víctimas cuando le rendían rituales propiciatorios.
Un día enamoró a una joven bella y noble. La sedujo en las orillas de un lago en Tesalia. Corónide se bañaba en la propiedad apolínea; los calores y olivos propiciaron el ayuntamiento. La mujer recibió guirnaldas y Apolo no regresó. Quedó preñada. Todas las tardes caminaba cubierta con un peplo de lino abrochado con una fíbula de plata seguida por el mortal Isquis, de lejos al principio, hasta que se enamoraron. Apolo continuó sus correrías por el orbe hasta que se enteró de la traición. Se arreglaban las bodas de los jóvenes cuando un cuervo, que en aquel entonces era blanco, le advirtió a Apolo de la infidelidad. Por la indiscreción el pájaro se volvió negro, color de la deslealtad, y Apolo enloquecido lanzó dos saetas que mataron a Isquis. Artemisa, hermana del dios, acudió en su ayuda y, cómplice, asesinó de un flechazo a Corónide. Yacía la infiel en la pira funeraria cuando Apolo arrepentido llegó envuelto en una nube, desgarró las entrañas de la muerta, sacó a la criatura y ambos se perdieron en el cielo nebuloso. Así fue narrada la primera cesárea, post mortem."

Eso escribió alguien a quien conozco. También es responsable, edición y musicalización incluidas, de la siguiente cápsula, que pertenece a una serie.

Su vida es la más extraordinaria serie de peripecias que he escuchado. Si me oyera, guardándose el ¡Mastuerzo! en la cabeza, diría 

-No lees tus citas. Mi trabajo se llama "Historias épicas de la medicina" (http://www.librosmaravillosos.com/historiasepicasdelamedicina/pdf/historiasepicasdelamedicina_-_Eduardo_Monteverde.pdf). Busca allí a Norman Bethune. 

Lo hago y encuentro esto:

"Gangrena, el fantasma de los médicos, la devoradora de los pacientes, el enemigo de todos, la peste de los combates. Gangrena, ya descrita en el siglo V a.c. en el Corpus Hipocraticum, como el principio de la muerte que se anuncia en los tejidos que fueran sanos, la primera dentellada a la que seguirá el esfacelo, esa descamación pútrida de la piel, de los músculos, los huesos y hasta el cerebro. Necrosis, la muerte que viste de negro al cadáver. “Heridas de bordes cuarteados, coronadas de gangrena negra”.

Así describió en un poema la muerte, el cirujano Norman Bethune, que falleció de gangrena en el escenario quirúrgico de la invasión de Japón a China. Año 1939, en el bando comunista del Octavo Ejército de Ruta. El hombre curtido a la intemperie muere en un hospital aldeano de campaña. Hay algo de paradoja en este cirujano forjado entre las paredes de los quirófanos, en los humores de auditorios a reventar de obreros con el vapor de los overoles. Una voz grave que modulaba con encono el malestar de los trabajadores, el proletariado al margen de toda suerte de salud. Gente a quienes los médicos curaban, tan sólo para continuar como engranes en la maquinaria de las faenas."

Siguiendo al experto en historia de la medicina, ahora como escritor, encuentro una antología contemporánea a nosotros. "Una latinoamericana forma de morir", se llama y reúne narraciones que prueban cómo el género negro es pertinente donde creí no tenía sentido (http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/otros/20200508040624/una-latinoamericana-forma-de-morir.pdf).

Robo el título para una de mis típicas incoherencias aquí, que inicia ahora, tras pequeños aportes que acostumbro y pueden servir a las docenas de visitantes a los cuales se redujeron miles anteriores, cuando aún no decidía echarme a la pira preparada para el setenta por ciento.

Comencé a hacerlo al fracasar una campaña por los derechos laborales, algunos años atrás. Pedí entonces echarme una mano a mis jóvenes compañeras y compañeros con quienes rehacía la vida promoviendo o asumiendo aquí y allá proyectos cuyas virtudes podían comprobarse. 

Fue demoledor ver a una docena en el gigantesco auditorio sindical que sin mayor trámite me prestaron, al cual confiaba llegarán también líderes gremiales.

Mi guía era una genuina urgencia comprobada por breves, provechosas investigaciones... y la desesperación personal.

Usando una famosa frase de novela valía preguntarse ¿cuándo se jodió Perú? 

-Justo ahora -pensé equivocadamente, pues el tema ni era nuevo ni impediría rehacerse y continuar con acertadas apuestas, entre un país que preparaba su explosión.

Ayer, junio 3, escribí:

-Ay, yo, qué necesidad tenías de hablar, primero y ante jóvenes, sobre la historia social que inicia en 1920, y luego, medio en reservado, sobre tu juego entre sueño y vigilia, todo durante una breve jornada donde se discutían retos ideológicos actuales. 

-Cómo no dejaban fumar... -me respondo. 

Suerte que a mi locura no le da por el asesinato serial, jeje. 

Estos cuadernos no son autobiográficos e incluso así...

Hago crónica, insisto, sin aprovecharme de elementos muy útiles para ellos: mis pares. Cada quien rendirá cuentas a quien le corresponda y no aprovecharé, pongamos, el espectáculo de ayer mismo matizando las diatribas que me dirijo, jeje.

Porque, repetiré: Ese yo aquí es inconcebible tomado a solas. Forma parte de una procesión que nació hace mucho y se nutrió siglo tras siglo. ¿No es cierto, Güitas?

Hoy tal vez repetiré el sinsentido de aquella campaña por los derechos labores. ¡Ay, nanita!

La obligada música. Esta vez con doble alternativa.



 

           

      

 

jueves, 2 de junio de 2022

Ya dejen morir a gusto, chinga

 Luego viene El Renacimiento no lo produjo Occidente sino la co...

¿Qué les sucederá a los cuadernos cuando marche?, pregunto a veces. Como por amor P los guardará y ni ella ni N pertenecen al reino de este mundo, quizá serán nuevos rollos del Mar Muerto, creo considerando el paisaje y no otra cosa, pues de mesías estamos hasta la madre -disculpen ustedes, revolucionario buen hombre y amigos; si vieran a lo que casi desde el principio se dedicaron sus seguidores, jeje.

Tómese esto como parte del proceso en que el personaje representado por mí titula la nota.

Cuanto más humor y lenguaje callejero use más cómodo me siento. Los diálogos, orgullo de la casa, recuerdan al guionista radiofónico que fui durante un rato.

 

La canción se repite por "Nunca" es un momento.

Aunque también podría ser la de "Cuando pinte mi obra maestra".

Ambas en silencio gritan Ya dejen morir a gusto, chinga. Porque estaba preparado y sería un fin digno, amoroso, hasta placentero.

En fin, seguiré, tantito más, siquiera, ahora que pueden llevarme a Almoloya por mis tábiros consumidos en público mientras Ebrard, Mancerda y Florencia Serranía no paran de ascender o se bien parapetan, valiéndoles pito la desgracia de la Línea 12 ayer y hoy obligando a millones al diario vía crucis en el ir y venir a casa. 

Son éstos quienes realmente me exigen:

-Quédate, buey. Somos todos o ninguno. 

-¡Cuál! -contesto- si la mierda se los está llevando dizque en secreto. Ora se llama Judith, que encontrarán vaya a saberse el momento, pues la aventaron al canal desde mi antes querido Puente Negro, y mañana cualquiera a cuchillo en una combi o en el hospital con cuya diabetes no atinan.

-Aguanta, culero -insisten. 

-Iren, mejor nos echamos tranquilitos y tranquilitas en la cama y con un jeringazo puesto como dios manda, comprado a la Unión, claro, para que traiga harta basura, ¡a viajar! diez minutos y luego...

"Total, siempre hay nunca para nosotros. Diles, mi patroncita de otro Tepeyac, no el donde cobran por mirar tu estampa."

No se crean lo de la obra maestra que voy a hacer. Capaz me dan un premio y seré un infame más, gris y cansado de tanto firmar cheques, según sentenciaba aquel viejo amigo tras leer a Chandler. 

Hasta vino Iliana a limpiar y puso mi hermoso tapete de Morelos como colcha. Don Glenn estaba preparado para recrear el acto con una inteligente, amable sonrisa

Pero, bueno, donde manda capitán... 

Al día siguiente        

 -Ay, yo, qué necesidad tenías de hablar, primero y ante jóvenes, sobre la historia social que inicia en 1920, y luego, medio en reservado, sobre tu juego entre sueño y vigilia, todo durante una breve jornada donde se discutían retos ideológicos actuales. 

-Cómo no dejaban fumar... -me respondo. 

Suerte que a mi locura no le da por el asesinato serial, jeje. 

Consulto a la Mal nombrada, que seguro me ve en pésimas condiciones pues ¡contesta!, más jeje.

Bueno, a ella le confesé también mi obsesivo fantaseo sexual. Mezcló, confundida, parece. Al final dijo:

-Solo cuide que no se le caiga el trozo.

Genio y figura la comadre. 

No bromeaba al buscarla. Realmente me sentí en rápido proceso de desquiciamiento, quizá para darme elementos con que obcecarme otra vez.

-Sí, ya caput. Es lo más sano. 

Mis interlocutores de esta nota callan.

No me abandonen, ojetes.

Por fortuna el maestro canadiense siempre está presto a ayudar.

(Siguiendo el link se entra a todas las sonatas del austriaco.)

Ah, y Mar, que siendo medianoche no quiere ir a su hogar allá, donde Cristo perdió la estilográfica, según el dicho, y llama pidiendo posada.

-¿Nomás un techo quiere? -le pregunto fiel a mi manía.

-0-

Tercer día

Estamos a domingo electoral en que sin duda terminarán de autodestruirse el partido por cien años dominante y sus secuaces. Y hay noticias así o asá alentadoras si se contempla al mundo todo. 

¿Llegué hasta aquí para volverme Zovek, Fumanchú autóctono cuyo gran acto de magia falló? A él, desaparecido sin dejar rastro, la tradición escapista nacional lo volvió fantasma que ronda los caminos, como Zapata. Quién pudiera imitarlo, evitándome la verguenza del fiambre sobre una cama. ¿Alguien escuchará a don Glenn y, entonces, el optimista mensaje? Habrá tiras -policías, pues-, chismorreo de vecinas y vecinos, crías sintiéndose culpables. Eso, si encuentro la pócima maravillosa que, según tal, hasta Mercado libre envía a domicilio.

Me lleva la verga, son casi las 6 pm y habrá que pedir un pollo sinaloense o vil pizza y buscar encuestas de salida y comentarios.

Noche   

El trabajo está hecho, yo. Quien sea que diga algo, tiemblas. O te apuras o perderás tu única virtud: la autoestima.

No das ni para poner música o entregarte a la fantasía.

-0-

Tras diez minutos, siempre solidario llama el Mr.

-Al rematar -dice- la canción sale lentamente. Es un truco de grabación. Continúa.

-¿El mañana que sigue a la eternidad? -pregunto.

-Algo así -responde dándome el avión, jeje.

Los resultados electorales coincidieron más o menos con las encuestas.

La vieja clase política se recicla confundida con la nueva. Nuestro nuevo maderismo, comento por ahí repitiendo el sonsonete de mi composición más socorrida, que se equivoca y quizás tiene razón al mismo tiempo. (¿Sí? Este artículo lo publicará pronto Luis Hernández Navarro:

"El mapa del país se ha pintado de guinda. Pero los altos niveles de abstencionismo son una llamada de atención de un malestar ciudadano que puede crecer y expresarse a través de otras vías, más allá de las estrictamente electorales @lajornadaonline

-Cambio y fuera -pienso, pues este no es lugar para tratar el asunto, y regreso a lo mío.    

¿Qué me sostiene en verdad? Los Delicados con filtro en envoltura Chesterfield. Son cincuenta otra vez, por un único día, espero. ¿Único? Ya dijo Dylan: suena todavía. Contra los pronósticos, habrá lunes, el miércoles comeré con el Nuevo y es posible incluso que grabe la serie recién abortada por mis invitados, insensata y juiciosa. ¿Cuánto más duraré? Hace tres años no tenía futuro y Ecuador, Chile, Bolivia, Estados Unidos, me salvaron. ¿Fallarle ahora a la abnegada Colombia, cuyo destino está en juego?

"Morir, dormir; no más", lleva por nombre el libro que empecé a leer.

Qué terquedad la mía. Escribiré Nada personal.

Lunes

Se me cumple la peor, más rutinaria pesadilla y pienso:

-Ahí está señal -y sonrío, aprestándome a pedir auxilio, que enseguida llega de muchos sitios.

Me colocaron una placa dental a los treinta y seis. Ninguna pareja la detectó y hoy hizo ¡crack!, jeje.

"Parado sobre las aguas, arrojando el pan

mientras brillan los ojos de tu ídolo con cabeza de hierro

los barcos distantes navegan hacia la bruma

Naciste con una serpiente en tus muñecas cuando un huracán soplaba

La libertad está a la vuelta de la esquina para ti

pero con la verdad tan lejos ¿para qué puede servir?

El Bromista baila al compás del canto del Ruiseño

el pájaro vuela alto bajo la luz de la luna

Bromista, el sol se pone tan rápido en el cielo

te levantas sin despedirte de nadie

los tontos se apresuran a entrar donde los ángeles temen andar

su futuro, tan lleno de miedo, no se te revela quitándote otra capa de piel

siempre un paso delante de tu voz interior

El Bromista canta al compás del canto del Ruiseño (repite el coro)

Bromista, eres un hombre de las montañas, puedes caminar en las nubes

Manipulador de multitudes, eres un tergiversador de sueños

Vas a diestra y siniestra ¿pero a quién le importa?

No hay nadie allí fuera que quiera casarse con tu hermana

Amigo del mártir y la mujer avergonzada    

Miras dentro de la caldera ardiente, ves al rico y no sabes su nombre

El Bromista…"

Hablé largo y tendido de mi relación con el Mr. y apenas hace poco entendí cuán excitantes y arduos fueron para él los primeros años abriéndose caminos exteriores e interiores. 

Estoy en ellos todavía, yo también, Don, aquí o donde sea.

Basta de rogar por un rincón bajo el cielo. Prótesis dental nueva, la verga. Mando mensaje a quien me aseguro que el arsénico lo venden en cualquier esquina: Hágamela buena

¡Compré un pollo sin destazar! En qué estaba pensando. Y yo tan inútil para estas tareas, y sin fuerza pues las emociones consumen mis pobres energías...

Si se trataba de probarse, lo estoy haciendo, un hoyo tras otro.

Solo tú importas, amita; el reflejo que en ti proyecto.

-Ven ya -dijiste al saber lo de la dentadura, así, calmuda, porque entre nosotros no sirve la estridencia sino es en juego.

-¿Y el ortodoncista, jeje?

-Bueno, al revés. Unos días allí no alterarán mis cosas, aun sin N. 

¿Ve?, hasta tu flaqueas flagrantemente, vociferando estilo zen, jeje. 

-Cambiemos de tema -propuse.

Estaba agotado.

-¿Prefieres dormir?

Lo hice, meterme en cama, y ahora espero recuperar el ánimo para continuar la llamada. En otras circunstancias me responderías desde un autobús foráneo. Esta vez seguro esperarás junto al balcón, con el enanito preparado para hacer chanzas. ¿Jugamos a recordar?

No hubo muchos paseos durante nuestros distintos periodos. Algunos están registrados en el diario. Sí, a cambio, por mi ciudad y la hoy tuya. También, y nunca se hace referencia a él, el viaje que hice adonde completaste los estudios y de entrada no querías ni a tiros, jeje. 

Me decidí a éste porque no precisaba cómo hallabas el camino entre la tristeza que dejó un camello con cuatro ruedas alejándose hasta ser espejismo. 

No fue fácil descifrar aquella especie de silencio como partido a plazos por el viento con quien en realidad dialogaba, terrenalizando al cielo, digamos. Menos, tus ojos, que se encontraron al fin. Jamás presencié una transformación semejante. 

No sabías que iría y estabas de perfil, con las montañas pelonas detrás -perdona el adjetivo, jeje-. Esperé, volteaste y te salieron unas lagrimitas. Ni ellas ocultaron el cambio.

-Se sentía sola -pensarían los extraños y era justo lo contrario.

Habían pasado nada más trece meses desde tu marcha. La muchachita temblosora rencontró al mundo que estaba en el jardín a solas cuando niña y pedía por ella los domingos con mamá al volante sobre una carretera interminablemente recta cuyas ariscas floraciones desdeñaban las buenas maneras.

Era el techo azul de donde venía la paz, intuías entonces y estabas segura ahora al tender la mirada tan lejos como desearas, hasta las mismísimas matas de aquellas breves aventuras. Dirían misa en tu escuela, papá, el kiosko, los juegos bajo nogales: quien obraba milagros vivía entre arenas, miles de kilómetros arriba y abajo.

Lo explico mal, muy mal, Tic, y no importa, ¿verdad?

-0-

Se fueron a dormir a medianoche, N en sueños, más bien, desde las diez y media, jeje.

Asomas una hora después y tiras besos y pestañas, según acostumbras.

Ni medio consejo o amonestación en el largo día, para este Cuac que mal o bien hizo su caldo de pollo, jeje. 

Miércoles

¿Cómo terminará este folletín impreso y que por ello se arrumba en el puesto al cual casi nadie acude ya? ¿Conocerá la respuesta mi vecino vendedor de diarios y revistas, consumiéndose poco a poco sin perder su dignidad? Le llevo unos años, todavía está fuerte pero enflacó y por el cetrino de la piel habla la diabetes, calculo. 

Ahora que lo pienso, hace tiempo no tengo noticia del cincuentón del 6, cuya familia hace equipo para sacarlo adelante. Era rarísimo oírlo quejarse, lo dializaban regularmente y, alto, bien erguido, de armonioso, campesino corte, su franca sonrisa y amabilidad refrescaban la atmósfera en nuestra privada, donde así guarden las formas transpiran décadas de rencillas.

Soy cuidadoso al decir que más vale ponerme el último punto. Si bien de veras me esfuerzo, mi círculo vicioso se estrechó a niveles extraordinarios y por fuerza doy lata. 

Salir adelante tiene sentido, hay mucha vida aquí dentro y se trasmina. Podría incluso hacer la obra maestra, ser otra vez el tamborilero de jóvenes y barrios -hallé pretexto para darle lata, ¿ve, Zimm?, con una pequeña joya, ¿le parece?

Ayer trajo a don Bertold: 

"No se dejen seducir/ que después no habrá retorno. El gran día se avecina,/ el viento trae la noticia: ya no habrá otro amanecer.// No se dejen engañar que la vida no es poca cosa./ Bébanla a grandes tragos:/ que no quedarán hartos/ cuando la tengan que dejar...."

Noche

Sino fuera por ti, Inesper, daría lata pero como quien cae a un pozo en el desierto. Tienes la culpa, pues, de la sinrazón que me mantiene donde no merezco -fustigo a Johny Deep por sus mansiones y mi casita equivale al Tal Mahal, si a comparaciones vamos sobre el esfuerzo hecho-. De ahí que, contradiciendo ahora a doña Simone -ya ve cómo es uno de mudable, madame- el deterioro resulte necesario. Si bien, lo sufro y sigo emperrándome, jeje.

Fue una tortura volver del súper con los temores convertidos en frascos, latas, sandías, etc., gigantescos -vieran el rinoceronte vestido como pollo que compré-. Cada diez o veinte pasos hacía alto y tengo hematomas por todas partes -quita esa cara, Tic; sí, es uno y tamaño lunar, pero solo vendes voceando a lo Wall Street; ¿cuánto pesan en oro dos millones de bitcoins, pongamos?; cero, luego entonces... 

Ten, amita, para tu sueño.

De nuevo domingo
¿Ganaré un año o algo más si sale lo que empieza al rato con lxs amigos y rematará ayudado por O? Ocho mil pesos extras se llevará la apuesta.
 
Noche
¿Fracasó el proyecto? Es enredoso y hoy todo conspiró en contra suya, jeje: los focos, la diadema, el zoom y, para colmo, internet.
Hay cuatro libros en espera de volverse electrónicos y permitir presentaciones, y esa genial, otra vez atípica idea con carnalitas latinoamericanas.
-Chale, Inesper, ni manita me diste.
-¿Yo? Jamás informas de esas cosas a esta sumisa mujer.
-¡Deberías intuirme! ¿No que somos uno mismo?
-Para lo que te conviene.
-Espera, pongo algo dedicado a ti. 

  Jueves, madrugada 
-Cuac.
-Despertó la amita.
Hoy no le gusta mi ternura. Suena a tristeza que no se va siquiera con la tristísima canción. 
"Debería ponerme melancólico, privilegio de quien compone y quien escucha. Y es obvio..."
-Siéntate aquí -ofrece recostándose en la hamaca.
-Hace frío, ¿no?
-Fresquito. ¿Por comer con el hijo?
-Hablé, hablé mucho.
Estar y nada más. Desde la azotea, a lo sombra, etcétera.
Entiende, siempre.
-Vete a la cama sin colgar. 
-¿Me arrullarás?
-Anda.
-¿Puedo hacer cositas?
-Te velarán y tú..., jeje. 
-Promete.
-Me meteré en la caja... Olvido qué tan oscura es la casita. No veo nada.
-Solo siente, jeje.
-Quietecito.
-¡Ya! Voy a querer... Qué buena estás, verdad de dios, jeje. 
Canta como en mi oído.         
 



 

 

                    

    

       

    

   
   

miércoles, 1 de junio de 2022

La ciudad prohibida de Pekín

En algo han de usarse las noches de lluvia, digo yo.

¿Hubo en la historia algo más majestuoso que La ciudad prohibida de Pekín?

Junto a ella Versalles palidece.

En fin, las élites siempre tuvieron espléndidos hogares, aunque fuera para que sus amos ardieran mejor entre sí clavando un cuchillo al hermano, la madre, el hijo, o violándolo, etcétera.

Hoy abundan mansiones que nosotros, el peladaje, apenas podemos creer cuando los paparazzis, Instagram o TikTok nos las escupen o doran. Pertenecen a magnates, estrellas cinematográficas, exitosos músicos y deportistas. ¿Son merecedoras de ellas? ¿Pregunto en serio, cuando Hollywood dice denunciar Los juegos del hambre mientras vende por miles falsas recetas para el triunfo?

Aliviamos la semana pronunciándonos por Johnny Deep contra su escalofriante correlato -jeje-, quien asesina al Metoo en diez minutos, fascinadas y fascinados por sets que el pirata del Caribe presta. ¿Los merece? Hasta Alejandro Magno moriría de envidia y si el Johny llegó a la India fue en jet privado.




 

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"Nunca" es un momento


Hay que sacarle partido a la cursilona letra.

"Nunca es un momento", letreó este hombre en los 1970s para servir de pretexto a nuestros últimos tiempos condicionados por mi edad, Tic, pues agrego las cursivas. 

En él vivimos hace catorce años de desapariciones y buenos deseos cumplidos o insatisfechos. 

Continúan nuestras cotidianas charlas por la ventanita virtual y el diario que no muestro a nadie más.

-Odio los himnos al imposible -solías decir. 

Ninguno de nosotros escribió algo parecido a ellos y menos lo hará hoy. Las almas celebran bodas que saben insensatas, pues no hay sino cuerpos de pies a cabeza.

Nunca y siempre devienen en sinónimos al encontrarse una Inesperada que no se concibe como tal.

Hasta entonces, en consecuencia, amita.      
 

"Cuando pinte mi obra maestra"


 Ni idea de cuán exitosa fue esta canción interpretada por el Mr. La conocí como hit con que The Band, su gran comadre durante buen tiempo, recibía aplausos en giras cuya excitación le hizo retirarse más o menos pronto.

Se vuelve una vida imposible, dice R. R. cuando lo entrevistan al despedirse para siempre del público.  

"Oh, las calles de Roma están llenas de escombros,
Las antiguas huellas están en todas partes.
Casi puedes pensar que estás viendo doble
En una noche fría y oscura en la escalera española.
Debo apresurarme a regresar a mi habitación de hotel,
Donde tengo una cita con la sobrina de Botticelli.
Prometió que estaría allí conmigo cuando pinte mi obra maestra."

Nada mala letra, ¿verdad? Lástima que yo no pude escribirla. Ni a ella ni a la obra maestra. Se necesita una existencia dedicada por entero al asunto, con interminables conciertos, días de grabación, fans y groupies que roen hasta la médula demandando la muerte prematura para su ídolo.

Presagiándolo, me di al Leve el aroma, que sin artilugios esto está de pelos. Hasta hoy, cuando historias y personajes gritan por las paredes, camino al súper, bajo mi cama. 

-Está bien -les digo. -Haré un nuevo Anillo de los Nibelungos. ¿No, don Richard el alemán?